lunes, 4 de agosto de 2008

Música adrenalínica


Esta entrada no es más que una breve defensa a la música que dispara la adrenalina, argumentada en el hecho por el cual ésta puede acomodarse perfectamente a alguno de los distintos estados de ánimo por los que según tengo informado podemos pasar (ya sean internos, o provocados).
Composiciones directas, viscerales, agresivas y creativas (porque si de verdad lo consiguen, no lo será por simples).
Entrarían en este campo: la música irónica y mejor la sarcástica, de inteligencia mordaz, la música violenta (un género que provoca emociones muy intensas y fuertes, aunque puede que no permanezcan), y hasta el ruido.
Aquí una muestra:



South Park




Metallica - St. Anger




Mamá Ladilla - Flípalo




Javier Krahe - Conmigo y sin mi

viernes, 1 de agosto de 2008

La jornada del músico, según Erik Satie

La jornada del músico



El artista debe regular su vida.
Aquí tienen el horario detallado de mis actividades diarias:
Me levanto a las 7.18 h; inspirado: de 10.23 a 11.47 h.
Almuerzo a las 12.11 h
y me levanto de la mesa a las 12.14 h.

Saludable paseo a caballo, en el fondo del parque: de 13.19 a 14.53 h. Otra inspiración: de 15.12 a 16.07 h.

Ocupaciones diversas (esgrima, reflexiones, inmovilidad, visitas, contemplación, destreza, natación, etc.), de 16.21 a 18.47 h.

La cena se sirve a las 19.16 y se termina a las 19.20 h. A continuación, lecturas sinfónicas en voz alta: de 20.09 a 21.59 h.

Me acuesto normalmente a las 22.37 h. Una vez por semana, despertar sobresaltado a las 3.19 h (los martes).

Sólo como alimentos blancos: huevos, azúcar, huesos rallados; grasa de animales muertos; ternera, sal, coco, pollo cocido en agua blanca; mohos de fruta, arroz, nabos; morcilla alcanforada, pastas, queso (blanco), ensalada de algodón y algunos pescados (sin piel).

Me hiervo el vino, que bebo frío con zumo de fuchsia. Tengo apetito; pero no hablo nunca comiendo, por miedo a atragantarme.

Respiro con cuidado (poco cada vez). Bailo muy raras veces. Cuando ando voy por los lados y miro fijamente atrás.

Muy serio de aspecto, si me río es sin querer. Por eso siempre me disculpo y con educación.

Sólo duermo con un ojo; tengo un sueño muy duro. Mi cama es redonda y perforada por un agujero para que pase la cabeza. Cada hora, un criado me toma la temperatura y me pone otra.

Desde hace tiempo estoy abonado a una revista de moda. Llevo un gorro blanco, medias blancas y un chaleco blanco.

El médico me ha dicho siempre que fume. A sus consejos añade:
—Fume, amigo: si no, otro fumará en su lugar.




Erik Satie, Memorias de un amnésico y otros escritos, Fugaz, Madrid, 1989


Fuente